Bote de la calma 

Si seguís páginas relacionadas con la crianza seguramente ya hayáis leído sobre los botes de la calma.

La botella de la calma una herramienta de la pedagogía Montessori y consiste en un frasco con una suspensión que sirve para calmar a los niños porque ver cómo los sólidos van reposando ayuda a centrarse en la observación y la respiración.

Lo recomiendan a partir de los 3 años, pero desde que oí hablar de ellos (includo antes de estar embarazada) quise hacer uno para mí ya solo por lo bonitos que son. Entiendo que también los llamen “botes mágicos”, porque realmente parecen salidos de un cuento.

Hace un par de semanas me decidí a hacer uno y me encantó tanto el resultado que hice tres. 

Al peque también parecen gustarle mucho porque cuando los ve, me mira y se ríe, pero por el momento, en vez de observarlo en calma, prefiere hacerlos rodar y agitarlos.

Más adelante os dejo algunos enlaces de algunos que me han enamorado, aunque los nuestros los hice un poco libremente, probando con los materiales que me pillaban más asequibles.

Material:

  • Botella de plástico vacía (el original es con cristal, pero con la edad del peque y mi mano de trapo no me atrevo) – en nuestro caso de medio litro
  • Agua del grifo (calentada)
  • Pegamento de purpurina – como compré un pack de pequeños tubos, usé dos (de distinto color) con 10,5 ml cada uno
  • Una o dos cucharadas de gel de ducha o champú (es para la viscosidad del agua, pero también me vino bien porque usé uno con el color que quería para la botella y así no tuve que comprar colorante)
  • Purpurina de color que pegue

Utensilios: (todo opcional pero recomendado)

  • Tarro de cristal para diluir el pegamento de purpurina en el agua caliente
  • Un palillo de madera o similar para mezclar
  • Un embudo para pasar la mezcla a la botella
  • Pistola de silicona para sellar el tapón 

Pasos:

  1. Meter en un tarro de cristal agua caliente (tener cuidado para no quemarse) y echarle el pegamento de purpurina. Mezclar con el palillo. La meta es que no queden grumos.
  2. Echar el resultado (queda un agua coloreada con algo de brillo) en la botella. No me puedo imaginar este paso sin un embudo.
  3. Añadir el gel o champú. 
  4. Meter más purpurina.
  5. Cerrar (sin sellar aún) y ver cómo queda. En muchas páginas recomiendan jugar con la botella así un par de días, para asegurarse de que nos gusta cómo ha quedado. Si estamos satisfechos, podemos añadir con cuidado agua hasta arriba (si hay espuma, sale con este paso) y sellar.

Yo hice una botella mezclando pegamento verde y azul y otra con rojo y amarillo (y champú de color naranja).

También probé en un frasquito con aceite para bebés en vez de agua, y sin pegamento. Esta fue obviamente mucho más rápida y fácil de hacer, aunque las otras me gustan un poco más.


En la foto de arriba podéis ver cómo se ven las botellas cuando la purpurina está sedimentada; abajo, cuando se agitan.

Y aquí tenéis más páginas por si buscáis inspiración:

Una versión clásica 

Explicado en español

Imitando un cielo estrellado 

Sin purpurina pero en colores del arco iris

Un huracán 

Como el agua del océano

Una galaxia 

¡Espero que hagáis pronto las vuestras y las disfrutéis mucho!

Vocabulario:

Botella: Flasche 

Purpurina: Glitter 

Embudo: Trichter

Pistola de silicona caliente: Klebpistole 

En japonés 🇯🇵

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    2 comentarios sobre “Bote de la calma 

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