Haciendo buenas migas con la fruta

Los que me conocéis, ya sea en persona o a través de  este blog, sabéis que mi lema antes de tener un bebé era “comprar lo menos posible; ser creativa y práctica”.

Tambien sabéis que aunque sigo pensando que es una buena filosofía, voy viendo que:

  1. Hay inventos estupendos que facilitan mucho la vida (por ejemplo este adaptador para ensanchar chaquetas o este cepillo para la boca)
  2. Los productos para bebés, al estar diseñados específicamente para ellos, suelen ser más seguros que alternativas caseras (como en el caso de los mordedores)

Y por eso tantos de mis posts son recomendaciones que parece que me hubieran contratado para hacer publicidad (que no es el caso).

Hoy voy a escribir sobre este gran invento que reúne los dos puntos anteriores de ingenio y seguridad: la malla chupete para fruta.

La historia de cómo conocí la malla no me apetece contarla con mucho detalle porque es una anécdota en la que lo paso muy mal y creo que no exagero diciendo que el susto seguramente redujo un par de meses mi espectativa de vida.

Resumiendo, le di al peque un cuarto de manzana para que la chupase, porque habia oído que es muy bueno para aliviar dolores de dentición y para que vayan acostumbrándose a la comida.

Pero le gustó demasiado, mordió, arrancó un trocito, no pude sacárselo de la boca y se atragantó. 

Al final no pasó nada, pero el mal rato no hay quien nos lo quite.

Y por eso decidí apuntarme a un curso de primeros auxilios para bebés y por el momento, no volver a darle comida para chupetear.

Por suerte, al comentárselo a una amiga que es pediatra en España, nos habló de la malla. 

Al principio no pude encontrar cómo se llama en alemán, así que pregunté en un grupo de Facebook que se llama “Mamás españolas en Alemania”(que por cierto también recomiendo) y aparte de decirme que se llama “Obstlutscher“, me contaron que el de telita es más difícil de lavar que el de silicona

Y por eso compré los dos de la foto.

La primera vez que se lo dimos le metimos un trozo de calabaza cocida y le encantó.


Después fuimos probando con manzana y pepino, lo que hubiera por casa que tuviera pinta de sano y jugoso, pero lo que más le gusta es con diferencia la mandarina

Así que ahora ya sólo le metemos gajos de mandarina y como se puede ver en la foto, la silicona incluso se ha quedado anaranjada (al comprarla era totalmente transparente).

Con lo reservados que son muchos alemanes para hablar con desconocidos, ayer, que fue la primera vez que llevamos uno de estos a la calle, nos pararon dos veces para preguntarnos qué era.

Todos se quedan maravillados con razón por lo buena que es la idea.

Si también habéis descubierto inesperadamente algo especialmente útil para vuestros bebés, me encantaría que me hablarais de ello en vuestros comentarios.

Enlace en japonés 🇯🇵

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